Literatura Universal

Poesía grecolatina
Safo de Lesbos
Anacreonte
Marcial
 


Dicen unos que un ecuestre tropel; la infantería,
otros; y esos, que una flota de barcos resulta
lo más bello en la oscura tierra, pero yo digo
que es lo que uno ama.
Y es muy fácil hacerlo comprensible a cualquiera.
Pues aquella que mucho en belleza aventajaba
a todos los humanos, Helena, a su esposo,
un príncipe ilustre,
lo abandonó y marchose navegando hacia Troya,
sin acordarse ni de su hija ni de sus padres
en absoluto, sino que la sedujo Cipris.
También a mí ahora a mi Anactoria ausente
me has recordado.
Cómo preferiría yo el amable paso de ella
y el claro resplandor de su rostro ver ahora
a los carros de guerra de los lidios en armas
marchando al combate.
Safo de Lesbos
Echándome de nuevo su pelota púrpura
Eros de cabellera dorada
me invita a compartir el juego
con la muchacha de sandalias de colores.
Pero ella, que de la bien trazada Lesbos,
mi cabellera, por ser blanca, desprecia,
y mira, embobada, hacia alguna otra.










Anacreonte
Epigramas de Marcial
Si mi recuerdo, Elia, es preciso,
de cuatro dientes contabas;
una tos de dos se deshizo
y otra, de dos que quedaban.
Tose tranquila, mujer,
que ya una tercera
no tiene nada que hacer
pues ningún diente la espera.
Te compadeces del cartaginés
y tratas a patadas a los tuyos.
Nerón quiso que Roma fuera honrada:
así pudo robar él solo.
Me dijeron que Cinna escribió en contra mía.
Pobre Cinna: no escribe
ya que nadie lo lee.
Son míos los versos.
Cuando los declamas
se vuelven tuyos porque los destrozas.
Reservas tus elogios para los muertos,
jamás aprecias a un poeta vivo.
Discúlpame, prefiero seguir viviendo
a tener tu alabanza.
Exoneras el vientre, y no te da vergüenza,
en un desgraciado bacín de oro, Baso,
y bebes en copa de vidrio:
cagas, por tanto, más caro.
  
Poesía épica: La Eneida



Canto las armas y a ese hombre que de las costas de Troya
llegó el primero a Italia prófugo por el hado y a las playas
lavinias, sacudido por mar y por tierra por la violencia
de los dioses a causa de la ira obstinada de la cruel Juno,
tras mucho sufrir también en la guerra, hasta que fundó la ciudad
y trajo a sus dioses al Lacio; de ahí el pueblo latino
y los padres albanos y de la alta Roma las murallas.
Cuéntame, musa, las causas, ofendido qué numen
o dolida por qué la reina de los dioses a sufrir tantas penas
empujó a un hombre de insigne piedad, a hacer frente
a tanta fatiga. ¿Tan grande es la ira del corazón de los dioses? 
Hubo una antigua ciudad que habitaron los colonos de Tiro,
Cartago, frente a Italia y lejos de las bocas
del Tíber, rica en recursos y violenta afición a la guerra;
de ella se dice que Juno la cuidó por encima de todas las tierras,
más incluso que a Samos. Aquí estuvieron sus armas,
aquí su carro; que ella sea la reina de los pueblos,
si los hados consienten, la diosa pretende e intenta.
Pero había oído que venía una rama de la sangre troyana
que un día habría de destruir las fortalezas tirias;
para ruina de Libia vendría un pueblo poderoso
y orgulloso de guerra; así lo hilaban las Parcas.
Eso temiendo y recordando la hija de Saturno otra guerra
que ante Troya emprendiera a favor de su Argos querida,
que aún no habían salido de su corazón las causas del enojo
ni el agudo dolor; en el fondo de su alma
clavado sigue el juicio de Paris y la ofensa de despreciar
su belleza y el odiado pueblo y los honores a Ganímedes raptado.
Más y más encendida por todo esto, agitaba a los de Troya
por todo el mar, restos de los dánaos y del cruel Aquiles,
y los retenía lejos del Lacio. Sacudidos por los hados
vagaban ya muchos dando vueltas por todos los mares.
Empresa tan grande era fundar el pueblo de Roma.
Libro I (1-34)


Teatro grecolatino


CORO: ¿Qué agravio tuvo Zeus contra ti para apoderarse de tu persona e infligirte tan cruel e ignominioso castigo? Dímelo, si el hacerlo no ha de causar a tu alma excesivo dolor.
PROMETEO: Doloroso es para mí hablar, pero el callar también me es doloroso. [...] Apenas Zeus se había sentado en el trono paternal, repartió sin tardanza los honores entre los diversos dioses y empezó a ordenar las jerarquías en su imperio. Pero en ningún momento se le ocurrió pensar en los míseros mortales. Quería, por el contrario, aniquilarlos y crear una nueva raza. Solo yo me opuse a este proyecto; sólo yo me atreví; yo liberté a los hombres y evité que se vieran precipitados y destruidos en el Hades. Por esta causa gimo hoy bajo el peso de tales tormentos, dolorosos de sufrir y cuya vista despierta la piedad. Por haberme compadecido de los mortales, me veo yo tratado sin compasión, sometido a un castigo implacable. ¡Espectáculo vergonzoso para Zeus!
CORO: ¿Y no llegaste aún más adelante en tus propósitos?
PROMETEO: Sí: liberté a los hombres de la obsesión de la muerte.
CORO: ¿Qué remedio has descubierto, pues, para este mal?
PROMETEO: He hecho nacer entre ellos la ciega esperanza.
CORO: Poderoso consuelo diste a los mortales.
PROMETEO: Todavía les otorgué un don mayor: les hice el presente del fuego.
Esquilo. Prometeo encadenado

La comedia de la olla (Aulularia). Plauto

Poesía medieval
Poesía goliardesca: Textos del Carmina Burana
TEXTO 1
Cuando estamos en la taberna
no nos preocupamos de qué es la tierra,
sino que al juego nos precipitamos,
al que siempre con ardor nos dedicamos.
Qué sucede en la taberna,
donde el dinero las copas llena,
es necesario preguntarnos,
más qué estoy diciendo, oigamos.
TEXTO 2
Tras de Troya el descalabrado
Eneas, errante por el hado,
el Lacio ansía;
mas anda errante con alegría,
pues en el reino de Dido
de la misma forma es recibido;
si el huésped se ve contento,
no verías más generosa
a ninguna anfitriona.
Empujados por los mares tirios
a los troyanos acogió Dido;
y a quienes tantos naugragios han sufrido
ofrece generoso asilo;
y Eneas contemplando
suplicante se admira
de su cabello rizado y largo
de cómo su rostro alegre brilla.
Al punto ante su hermana se encamina
y le descubre sus intenciones escondidas.
TEXTO 3
 ¡Dejemos los estudios,
es un placer perder la cabeza,
y las dulzuras aprovechemos
de la tierna juventud!
Empeñarse en las cosas graves
asunto propio es para la senectud.
Estribillo:
La vida pasa presta
en el estudio detenida;
divertirse aconseja
la juventud enternecida.

La primavera de la vida veloz discurre,
nuestro invierno rápido avanza,
la vida daño sufre,
las cuitas de la carne ablandan.
La sangre se seca, el corazón se para,
los placeres amenguan
ya la vejez nos espanta
con su familia de dolencias.
Estribillo
¡Imitemos a los dioses!
Acertada es la opinión
y que cacen a los jóvenes
las redes del amor.
¡A nuestro deseo sirvamos!
Esa es costumbre divina.
Y a las plazas descendamos,
a las reuniones femeninas.
 
Ausias March


 Vi unos ojos con tanto poderío
de dar dolor y prometer placer;
tan poder sobre mí yo imaginé,
que en mi alcázar fui siervo de la gleba;
una voz escuché y un gesto vi
de un grácil cuerpo, y yo, que juraría
que a un hombre armado intimidar pudiera,
a sus pies me rendí sin medir lucha. [...]
En sueño o en vigilia fantaseo
en contemplar quién amo, qué es, qué vale,
y mayor es mi daño si más veo,
pues el pensar me infunde gran locura,
sí, y tan grande, que adoro su desdén,
su parco hablar, su condición cual es,
más que ser rey del pueblo francés todo.
Y si finjo en mi hablar, muera yo presto.
Me impulsa a amaros vuestro desamor,
y mi arnés quebrantaron vuestros ojos;
atacando, vencióme el pensamiento:
medroso preso soy de vuestro arbitrio.
Todos mis actos vuestro gesto frena,
y nada a mi querer refrenar puede;
el invierno quemante, el tibio estío,
tales peligros me darán mal don.
Discreta hermosa, no hay trabajo grande
ante mi afán de veros alejada,
pues junto a vos nada ha de agriarme el tiempo,
y de vos lejos no hallo bien sin pena.
 El tiempo es tal que todo animal ama
y busca el semejante a gran porfía;
el bravo ciervo por la cierva brama,
y aquella voz para ella es melodía;
la garza, el cuervo, a sus iguales llama,
el canto de uno al otro da alegría;
y el ruiseñor se corre, si da espanto
a su querida con el dulce canto.

Pues si me duelo, nadie ha de espantarse
en ver amar quien nunca lo ha entendido;
por avisado el necio veo contarse,
y causa amor que no sea conocido;
por esto lloro, y es para llorarse,
que os ciegue el desamor que habéis tenido;
y no entendáis que os amo y os he amado,
ni cuál ni cuánto es este amor sobrado.

Como es aquel que ve su bien perdido,
el cual por ganar algo lo ha arriscado,
os quise yo por ser, quizá, querido,
pues no vine a querer deliberado;
de grueso paño y manta estoy vestido,
mi voluntad a amor se ha empeñado;
y en esto vivo triste, y me entristezco,
pues no veis la falta que padezco.

Poesía épica
Chanson de Roland

Va sintiendo Roldán que su vista decae
y se pone de pie en un esfuerzo supremo.
El color de su cara va desapareciendo.
Una piedra muy fría se encuentra allí delante,
la golpea diez veces con dolor y con rabia.
El acero rechina: no se mella ni rompe,
y dice el conde así: "¡Santa María, váleme!
Mi buena Durandarte, ¡qué pena que me das!
Ahora que me muero, te tendré que dejar;
¡gracias a ti he vencido mil batallas campales
y mil extensas tierras dominé con tu acero,
que ahora son de Carlos, el de la barba cana!
¡Que no te empuñe nadie que ante otro se arredre!
Durante mucho tiempo te tuvo un buen vasallo:
Nunca habrá quien te iguale en la Francia bendita".
Roldán ha golpeado la grada de sardónice;
el acero rechina, no se mella ni rompe.
Cuando observa Roldán que no puede romperla,
consigo mismo empieza a lamentarse así:
"¡Durandarte, eres blanca, y muy clara y muy bella!
¡Y qué llamas despides y luces ante el sol!
Enormes son las huestes, fieras las compañías,
frente a frente se encuentran todos los escuadrones
y los de los paganos atacan fieramente.
¡Dios, ved cuántas astas por la mitad quebradas,
cuántos escudos rotos y cotas desmalladas!
¡Veríais allí la tierra cubierta por completo
y la yerba del campo, que es verde y delicada,
colorearse de rojo por la sangre vertida!
El emir va animando a toda su mesnada:
"¡Golpead, mis barones, en la gente cristiana!."
La batalla se ha puesto muy dura y enconada,
no habrá, ni puede haber, otra tan esforzada;
hasta llegar la noche no se van a dar tregua. [...]
Allí el emperador anima a los franceses:
"Mis señores barones, yo os aprecio, creedme.
¡Tantas grandes batallas habéis hecho por mí
y reinos conquistado y reyes destronado!
Muy bien lo reconozco que en esto estoy en deuda,
tanto de mi persona, como en tierras y haberes.
¡Vengad a vuestros hijos, hermanos y herederos
que en la de Roncesvalles murieron la otra tarde!
La razón está en mí, lo sabéis, no en paganos".
Los franceses responden: "Señor, decís verdad".
Los veinte mil franceses que rodean a Carlos
todos de un mismo acuerdo le prometen su fe
y que no han de faltarle por muerte ni por miedo:
ninguno ha de dejar de utilizar su lanza,
poniéndose a blandir ya mismo sus espadas.
Entonces la batalla es más encarnizada.
 Cantar de los Nibelungos

El arrogante y esforzado caballero descabalgó al punto y echó a correr en pos de la bestia. El oso estaba desprevenido y no podía escapársele. En un momento lo atrapó y, sin causarle herida alguna, lo ató sin más tardanza.
La bestia no pudo arañar ni morder al héroe. Este la sujetó a la silla y al instante volvió a montar. Así, por diversión, y gracias a su gran bravura, llevó al animal hasta el campamento el esforzado y valiente caballero.
¡Qué magnífica apostura tenía conforme cabalgaba hasta el campamento! Su jabalina era muy larga, recia y gruesa. Una espada de bellos adornos le colgaba hasta las espuelas. La trompa que llevaba era hermosa y de oro.
Nunca oí hablar de un atuendo de caza mejor. El manto que vestía era de fina lana negra. Llevaba también una gorra de marta cibelina, de gran valor. ¡Ay, cuánto oro recamado adornaba su carcaj!
Estaba este recubierto de piel de pantera, a causa de su agradable honor. También llevaba un arco que había que tensar con arte mecánica, a menos que fuera el propio héroe el que lo tensara con su brazo.
Todo su ropaje estaba hecho de piel de nutria. Desde la cabeza a los pies podían verse otras pieles de distinto color. Sobre el esplendor de ellas refulgían adornos de oro en los costados del bravo campeón de la cacería.
También llevaba a Balmung, una espada bien labrada y formidable, tan afilada que cada vez que golpeaba un yelmo jamás fallaba. Sus aristas eran de buen temple. De esta arma estaba muy orgulloso el magnífico cazador.
Como es menester que os dé cuenta pormenor, os diré que su valioso carcaj estaba lleno de saetas de gran calidad, con monturas de oro y el hierro del ancho de una mano. A quien fuera alcanzado por ellas le esperaba una muerte rápida.

Narración en prosa: colecciones de cuentos y apólogos

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Relato de Las mil y una noches


EL CRIADO DEL RICO MERCADER

Érase una vez, en la ciudad de Bagdad, un criado que servía a un rico mercader.
Un día, muy de mañana, el criado, se dirigió al mercado para hacer la compra. Pero esa mañana no fue como todas las demás, porque esa mañana vio allí a la Muerte, y la Muerte le hizo un gesto.
Aterrado, el criado volvió a la casa del mercader.
-Amo- le dijo-, déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. Esta noche quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.
-Pero, ¿por qué quieres huir?.
-Porque he visto a la muerte en el mercado, y me ha hecho un gesto de amenaza.
El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo, y el criado partió con la esperanza de estar esa noche en Ispahán.

Por la tarde, el propio mercader fue al mercado y, como le había sucedido antes al criado, también él vio a la Muerte.
-Muerte-, le dijo acercándose a ella-, ¿por qué le hiciste un gesto de amenaza a mi criado?.
-¿Un gesto de amenaza? No, no ha sido un gesto de amenaza, sino de asombro. Me he sorprendido de verlo aquí, tan lejos de Ispahán, porque esta noche debo llevarme en Ispahán a tu criado.
POESÍA MEDIEVAL RENACENTISTA: DANTE Y PETRARCA


LITERATURA RENACENTISTA Y BARROCA

CUATRO SONETOS DE SHAKESPEARE 
ESTUDIO LITERARIO DE ROMEO Y JULIETA

LITERATURA ILUSTRADA
Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift  

EL ROMANTICISMO
  Los miserables de Victor Hugo. Selección de escenas del musical:






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Poemas de Byron: poemas de amor, El corsario.
Poema de Shelley
Himnos a la noche: Novalis 
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Fragmento de Fausto
Ejercicios de repaso

REALISMO Y NATURALISMO
Fragmentos de Zola 
Ejercicios de interiorización 

LITERATURA FINISECULAR

Una noche

Era pobre y sórdida la alcoba,
escondida encima de la equivoca taberna.
Desde la ventana se veía el callejón
sucio y estrecho. De abajo
subían las voces de unos obreros
que jugando a las cartas mataban el tiempo.

Y allí, en una cama mísera y vulgar
poseí el cuerpo del amor, poseí los labios
sensuales y sonrosados por el vino,
sonrosados de tanto vino que incluso ahora,
cuando escribo, después de tantos años,
en mi casa solitaria, vuelvo a embriagarme.

Konstantin P. Kavafis
El amante habla de la rosa

Todo lo feo y lo gastado, lo roto y lo marchito,
el llanto de algún niño en el camino, el crujir
de un carro pesado,
el fatigado andar del labrador chapoteando el lodo
invernal,
agravian tu imagen, que hace florecer una rosa
en lo hondo de mi corazón.
Y es tan grande el agravio de lo torpe, que no puede
expresarse;
ansío construir todo de nuevo y sentarme en mi otero,
con cielo y tierra y agua renovados, igual que una
urna de oro
para mis sueños de tu imagen, que hace florecer una rosa en lo hondo de mi corazón.

W. B. Yeats
Languidez

Soy igual que el imperio decadente y final
viendo cómo se acercan rubios bárbaros fuertes
mientras pulo un acróstico indolente y empuño
ese estilo dorado que espejea al sol lánguido.

Siento arcadas de hastío muy espeso en el alma.
Dicen que allá muy lejos hay batallas sangrientas.
¡No poder, pues soy débil, de morosos deseos,
No querer adornar esta vida con flores!

¡No querer, no poder ni morir tan siquiera!
He apurado la copa. ¿Aún te ríes, Batilo?
Apurados los goces, ya no hay más que decir.

Solo un torpe poema que se arroja a las llamas,
un esclavo aturdido que me sirve muy mal,
solo un tedio confuso que es más fuerte que todo.

P. Verlaine
A una transeúnte

El fragor de la calle me envolvía en aullidos.
Alta, esbelta, de luto, majestuoso dolor,
vi pasar la mujer que con mano fastuosa
levantaba y mecía de su falda los bordes.

Noble y ágil, luciendo una pierna de estatua.
Yo bebía, crispado, como un ser peregrino,
en sus cárdenos ojos, cielos hechos de borrasca,
la dulzura que embriaga y el placer que da muerte.

Un relámpago... luego solo noche. Belleza
fugitiva que mira devolviendo la vida,
¿no he de verte otra vez más que fuera del tiempo?

Oh, muy lejos de aquí, tarde ya, ¡tal vez nunca!
Yo no sé adónde huyes, donde voy tú lo ignoras,
Tú, a quien yo hubiese amado, tú que bien lo sabías.

Charles Baudelaire

Helena

¡Azul! Soy yo. Regreso de lúgubres canteras
a ver el mar lanzando sus escalas sonoras,
y al filo de los remos de oro, en las auroras,
zarpando de su rada nocturna las galeras.

Mis manos solitarias invocan los monarcas
- yo hundía entre su barba de sal mis dedos puros -.
Llorando he visto, al eco de sus himnos oscuros,
huir los golfos ante la popa de sus barcas.

Oigo las caracolas hondas, los helicones
Marciales en las rítmicas alas de los timones;
claros cantos remeros encadenan rugidos.

Y en las heroicas proas, los dioses exaltados,
con sus plácidos rostros de la espuma azotados,
me tienden indulgentes sus brazos esculpidos.

P. Valéry
La destrucción

A mis costados, sin cesar, se agita el Demonio;
Flota alrededor mío como un aire impalpable;
lo aspiro y siento que abrasa mis pulmones
y los llena de un deseo eterno y culpable.

A veces toma (conoce mi gran amor por el Arte)
la forma de la más seductora de las mujeres y,
bajo especioso pretexto de aburrimiento,
acostumbra mis labios a filtros infames.

Me conduce así lejos de la mirada de Dios,
jadeante y rendido de fatiga, en medio
de las llanuras del Hastío, profundas y desiertas,
y lanza a mis ojos llenos de confusión ¡vestidos
                                                            manchados,
heridas abiertas y el parto sangriento de la
                                                           destrucción!

C. Baudelaire

El albatros

Por distraerse, a veces, suelen los marineros
dar casa a los albatros, grandes aves del mar,
que siguen, indolentes compañeros de viaje,
al navío surcando los amargos abismos.
Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
dejan penosamente arrastrando las alas,
sus grandes alas blancas semejantes a reinos.
Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
El, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Este quema su pico, sádico, con la pipa,
cojo aquél, al tullido que antes volaba, imita!
El Poeta es igual a este señor de las nubes,
que habita la tormenta y se ríe del ballestero,
exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
sus alas de gigante le impiden caminar.

C. Baudelaire

Rosa, ahora en tu trono, antiguamente
un cáliz fuiste de sencillo borde,
mas tú para nosotros la flor eres
innumerable, plena, objeto inagotable.

Ropaje tras ropaje, en tu opulencia,
Pareces, junto a un cuerpo, solo brillo;
mas cada hoja al mismo tiempo evita
y niega toda vestidura.

Desde siglos nos llega tu perfume,
con sus nombres llamándonos más dulces;
y es gloria de los aires de repente.

No sabemos nombrarla, adivinamos...
Y un recuerdo regresa hacia él
que en horas evocables suplicábamos.

R. M. Rilke


Milagro

¿Por qué hablas de un milagro?
No conozco otra cosa que milagros;
si recorro las calles de una urbe,
o paseo con pie desnudo junto al mar,
o permanezco bajo los árboles del bosque,
o contemplo las abejas en torno de la colmena al  mediodía,
o los animales que se nutren en los campos,
o los pájaros, o la maravilla de los insectos en el aire,
o la maravilla de la puesta solar,
o las estrellas
o la exquisita, delicada, fina curva de la luna nueva en primavera.
Para mí, cada hora de luz y sombra es un milagro;
cada pulgada de espacio y de tierra,
... las briznas de hierba...
Inefables y perfectos milagros. ¡Todo, todo, todo!

Walt Whitman
Poema 587

Mi Corazón, vacíalo de Ti -
su sola Arteria-
Comienza,  y deja allí tan solo-
la Fecha de Extinción-
Innumerables Ondas tiene el Mar-
forman - un Báltico-
Retírate a Ti mismo, por jugar,
y no quedará nada
de mí - para guardarme-
"Yo" significa "Tú"-
Cancela la Raíz - y no habrá Árbol-
Cancélate de Mí - y no habrá - Yo-
Los Cielos quedarán desnudos-
y vaciada la bolsa de la Eternidad.
E. Dickinson

Oh, capitán, mi capitán

¡Oh, capitán! ¡mi capitán! Nuestro terrible viaje ha terminado,
la nave ha sorteado todos los escollos, hemos obtenido el premio
                                                                             que anhelábamos,
el puerto está cerca, oigo las campanas, la gente toda jubilosa,
mientras sus miradas siguen la firme quilla, el navío imponente y
                                                                                                osado.
Mas, ¡o razón! ¡corazón! ¡corazón!
¡Oh, las sangrantes gotas carmesí
sobre el puente, donde mi capitán yace,
caído, frío y muerto!

¡Oh, capitán! ¡mi capitán! Levántate y escucha las campanas;
 Levántate, por ti se ha derribado la bandera, por ti suena el clarín,
por ti los ramilletes y coronas con cintas, por ti las rebosantes
                                                                                                riberas
a ti te llaman las oscilantes muchedumbres volviendo sus
                                                                             anhelantes rostros.
¡Vamos capitán, querido padre!
¡El brazo bajo tu cabeza!
Tan solo es un sueño que sobre el puente
hayas caído, frío y muerto.

Mi capitán no contesta, sus labios están pálidos e inmóviles,
mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,
el navío está anclado sano y salvo, su viaje cerrado y terminado,
del terrible viaje el navío victorioso regresa con su objetivo
                                                                                          cumplido.
¡Regocijaos riberas, y tañed campanas!
que yo, con afligidos pasos,
recorro el puente donde mi capitán yace,
caído, frío y muerto.

W. Whitman
Poema 1551

Los que morían - antes,
sabían dónde iban-
iban a la Diestra del Señor-
Ahora aquella Mano está amputada,
y a Dios no se le encuentra -

Renunciar a la Fe
reduce nuestro Ámbito-
Mejor un fuego fatuo
que carecer de luz.

E. Dickinson
 
Actividades: Literatura finisecular.   
Actividades: Poesía Siglo XX 
Actividades: Narrativa del Siglo XX
1. Selección de textos de grandes renovadores: Joyce, Dos Passos, Proust.
2. Agatha Christie: El rey del trébol 
3. Renovadores hispanoamericanos: Continuidad en el parque de Julio Cortázar. 

Actividades: Teatro del XX 
Esperando a Godot

 

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